Santa Muerte e Migrazione (Articolo in Spagnolo) + Nuovi Link

Altar de la Santa Muerte. Foto: Eduardo González Velázquez

[Riproduco questo interessante articolo da Proyecto Diez MX – LINK e segnalo altre pagine che ho scoperto nelle ultime settimane sulla Santa, Tepito, altri altari a Città del Messico – link 1: 5 altari della Santa Muerte da visitare – link 2: conoscere Tepito – link 3: il quartiere di Santa Julia – link 4: riassunto di notizie giornalistiche sulla S.M. – link 5: riassunto di notizie (2010) sulla S.M. (ma da un Blog cattolico!) – link 6: barrio Tlaxpana – quartiere degli altari (di tutti i tipi)]

Por: Eduardo González Velázquez (@contodoytriques)*

12 de julio del 2013. ¡Ahí viene la curva debemos bajarnos! Es el grito ensordecedor deTomás un hondureño que se encaramó a La Bestia desde Huehuetoca, Hidalgo y piensa llegar hasta Oregon, “ya me falta menos” comenta con entusiasmo, después dedos meses de camino desde su natal Comayagua donde el desempleo se instaló como un miembro más de su extensa familia y terminó por catapultarlo fuera de su terruño.“Han sido semanas difíciles pero vale la pena, si me hubiera quedado en mi pueblo, mi familia y yo nos moríamos de hambre”.

A mitad del camino, y sin la seguridad de poder cruzar a Estados Unidos y eventualmente obtener un empleo, sus comentarios suenan con optimismo. Tomás no viene solo lo “acompañan” tres salvadoreños. Los cuatro se detienen en el cruce de las calles Juan de la Barrera y Colima a un costado de las vías del ferrocarril en el corazón de Las Juntas, municipio de Tlaquepaque en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG).

Miran el trajín de automovilistas y transeúntes mientras comienza a caer la tarde.“Sabemos que en este lugar debemos bajarnos para que la policía no nos detenga, si nos agarran nos extorsionan como ha sido a lo largo del viaje”. De ahí caminarán hasta la avenida Inglaterra al poniente de los patios de ferrocarriles para trampear de nueva cuenta al tren; pero antes comerán y se asearán en el comedor de la organización no gubernamental FM4-Paso Libre, si tienen suerte seguirán su camino este mismo día, de lo contrario permanecerán en la ciudad dos o tres noches más. Momentos previos a continuar su recorrido por la ZMG los cuatro exiliados económicos pasan a santiguarse al santuario de la Santa Muerte.

Es lunes a las cinco de la tarde. En el pequeño santuario (una habitación de 16 metros cuadrados) no cabe un alma más, los casi doscientos feligreses se arremolinan a las afueras disputándose un mejor lugar “para estar cerca de la Flaquita”. El rezo del rosario y los consejos para solucionar diversos problemas ofrecidos por el sacerdote Ricardo generan gran expectación cada inicio de semana.

Entre las decenas de los cuerpos tapatíos alzan la cabeza cuatro centroamericanos que con voz en pecho piden por acceder a un futuro negado en sus países. Para Miguel, de oficio albañil y dueño de la pequeña casa que alberga al templo, el gentío en el recinto es consecuencia de la nueva figura de la Santa Muerte de casi dos metros de altura traída desde la Ciudad de México, “ahora sí con esta figura la gente viene mucho más”. Incluso hay días que se ofrecen hasta dos rosarios de mañana y tarde.

En la Iglesia de la Santa Muerte tienen cabida hombres, mujeres, homosexuales, ancianos, migrantes, pobres, drogadictos, alcohólicos, punks, emos, cholos, ex presidiarios, narcotraficantes, indigentes, trabajadoras sexuales; en fin, esos que son ignorados por otras Iglesias. “La Niña le abre sus brazos a todos. Ella no juzga. Candy (como le pusieron a la nueva figura) ayuda y consuela”, dice Sonia, esposa de Miguel, mientras carga al menor de sus dos hijos de apenas año y medio de edad.

El culto a la muerte no es ajeno a los mexicanos, ha estado presente en nuestra geografía desde tiempos prehispánicos; igual que en otras latitudes su culto irrumpe con cotidianidad. Se instaura entre los vivos para defender su lugar. Así como para los pueblos mesoamericanos la muerte se significaba como el preludio de una nueva vida, el arranque del camino para alcanzar “el lugar donde de verdad se vive”; de ese modo los migrantes buscan asirse a la Niña Blanca para garantizar una “nueva vida”.“Nosotros le pedimos a todos los santos para que nos ayuden a llegar, aquí en Guadalajara sabemos que le rezan a santo Toribio y a la Santa Muerte”, afirman los salvadoreños al tiempo que se retiran la gorra para ingresar al santuario.

Pasada la conquista española y los turbulentos siglos XVI y XVII, a finales del siglo XVIII aparecieron las primeras referencias de la veneración a la Santa Muerte en el centro de la Nueva España. Pero fue hasta la segunda mitad del siglo XX que su devoción comenzó a rozar las dinámicas de exclusión, sea la pobreza, sea la migración, sea la violencia. Aunque algunas referencias ubican al estado de Hidalgo como el lugar de donde comenzó a irradiarse su fervor, hoy en día su culto encuentra arraigo en varios estados de la República: Guerrero, Veracruz, Tamaulipas, Campeche, Morelos, Jalisco, Estado de México, Sinaloa y el Distrito Federal.

La Santa Muerte la representa una figura masculina o femenina vestida con túnica blanca larga de satín que solo deja descubierto su descarnado rostro y sus esqueléticas manos, rematada con una corona de oro en la cabeza. Generalmente en la mano derecha porta una guadaña con la que “cosecha las almas”, un rosario, y una balanza que representa la justicia; en la mano izquierda lleva un pequeño mundo y un reloj de arena.

Para el sacerdote Ricardo, la figura representa a San Juan Bailón ataviado como la muerte, y no tiene duda que su culto es católico como lo demuestran las oraciones realizadas durante el rosario. Los colores que salpican a la Santa Muerte tienen significados diferentes: negro, protección; rojo, amor; blanco, protección para la familia; azul, protección para los estudiantes; dorado, para obtener dinero; verde, para solucionar problemas legales; y morado, para tener salud. Hay imágenes y figuras que tienen todos esos colores y representan los siete poderes. A la Niña Blanca Santita se le ofrecen dulces, cervezas, tequila, fruta, pan, cigarros, puros, güisqui, flores, veladoras.

En los dos santuarios ubicados en Tlaquepaque, el de Las Juntas y el de Las Pintas por la Antigua Carretera a Chapala en su cruce con San Onofre en la colonia la Huizachera, conviven la pobreza y la urgencia económica con la devoción y la esperanza. Los servicios municipales brillan por su ausencia. Las empolvadas calles circundan centenares de casas a medio terminar. Los fétidos olores emanados de los ríos del desagüe metropolitano saturan el olfato. El templo de Las Pintas se inauguró el 22 de julio de 2012.

En su interior tiene dos hileras de bancas con seis filas cada una. Varios posters le dan vida a las blancas paredes. En el muro junto al altar mayor están colgados dos crucifijos con un Cristo cada uno; la parte central la domina una gran figura de la Santa Muerte coronada cubierta con un tul blanco colocada en el interior de una vitrina de cristal, en sus manos porta el mundo y la guadaña. Junto a ella se mira una alcancía con la leyenda:“Gustas cooperar para el abono de cada mes de su (sic) casa de la Santa Muerte. Gracias”. En el centro del lugar hay una pila bautismal.

A la entrada se venden veladoras negras, rojas y blancas. Antes de ingresar al santuario y toparse con un guardia mal encarado, se puede leer a un costado de la entrada: “Santa Muerte extiende tu mano y guarda tu espada. Transmuta dolor en alegría. Aparta peligros y males de este devoto tuyo que busca la luz para estender (sic) la vida antes de la partida”.

Los devotos a la Santa Muerte se auxilian de varios libros para rezarle, por ejemplo el Librito de Oraciones Dedicado a la Santísima Muerte Mi Protectora. En su interior se pueden leer:

“Gracias flaquita mía por permitirme ver la luz de un nuevo día, como agradecimiento, te prometo pensar en ti, te ofrezco esta oración para que mis peticiones sean escuchadas, mi confianza es para ti”.

“Oh, Santa Muerte, ángel de Dios, te doy gracias en forma alegre y por los favores que me as (sic) concedido, en especial en esta jornada de acción y reflección (sic). Te pido por mis seres queridos y por mis enemigos, por la paz en el mundo y por la pronta sanación de los enfermos. Amén”.

Los días del rosario, Miguel presta a los asistentes varias fotocopias con las oraciones que deben rezar.
La Flaquita es ecléctica. Sincrética. Sin duda a lo largo de nuestra historia el culto a la muerte ha tenido adhesiones, fracturas y desbandadas. Lejos se encuentra de representar un culto homogéneo.

A querer o no la Santa Muerte como icono popular ha trascendido fronteras a través de diferentes maneras, una de ellas es la ruta migratoria. En la ciudad de Phoenix, por ejemplo, encontramos muy extendido su culto convirtiéndose en un referente común en casi todas las yerberías del oeste de la ciudad.

No obstante que el santuario de la Santa Muerte levantado a un costado de las vías del ferrocarril es un pequeño local de paredes despintadas, poca ventilación, una estrecha puerta de acceso, y con una iluminación precaria ofrecida por un par de focos uno a la entrada y otro pendiente de un árbol; es el recinto al que acuden los migrantes porque el ubicado en la Huizachera les queda muy lejos, además en el ferrocarril no pasan por ese barrio. En su interior se miran dispuestas veinticinco figuras de varios tamaños de la Flaquita.

Al fondo hay un altar sobre una mesa con un mantel negro y unas cortinas de terciopelo rojo. A un costado está la figura de la Santa Muerte de color negro circundada por veladoras, otras figuras más rodean una alcancía para las limosnas. Abundan las cubetas repletas de flores sobre todo con rosas rojas. Los muros se decoran con posters, y dibujos a lápiz y a color, montados en marcos elaborados en “la penal”, comenta Miguel. Junto al altar principal se mira otro pequeño donde se posa una Santa Muerte blanca cubierta por billetes de dólares.

En Las Juntas los migrantes dan uno de sus últimos brincos en la penosa travesía por la “frontera vertical” mexicana. De aquí los futuros “sin papeles” tomarán el tren por la ruta del Pacífico, la más larga pero la “menos peligrosa” hasta alcanzar la frontera norte de nuestro país. “De Guadalajara salimos con la bendición de la Santa Muerte”, dice Tomás minutos previos a perderse en la inmensidad de las vías del ferrocarril.

* ihuatzio@hotmail.com
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Informazioni su Fabrizio Lorusso

Giornalista frelance e docente universitario latinoamericanista Vedi tutti gli articoli di Fabrizio Lorusso

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