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La #SantaMuerte dal libro #MessicoInvisibile @Ed_Arcoiris

Santa Muerte[Estratto del libro di Fabrizio Lorusso Messico invisibile. Voci e pensieri dall’ombelico della luna, Ed. Arcoiris LINK] Nelle Americhe c’è una santa non presente sul calendario, ma con un esercito di milioni di devoti. Soprannominata Niña blanca o bonita (Bambina bianca o carina), è una santa popolare affascinante e controversa.

La Santa Muerte e le sue origini

Il 31 ottobre di ogni anno, dal 2001, si festeggia il compleanno della famosa Santa Muerte di Tepito, la prima che è stata esposta in pubblico e che ha avviato la diffusione massiccia del culto in Messico, negli USA e anche in Europa e Asia. Ed è sempre un momento di bilanci e di revisione. In Messico le tesi dedicate a questa devozione invadono i dipartimenti di antropologia, storia e sociologia.

Sopravvissute alle persecuzioni dell’Inquisizione, che aveva proibito nella Nuova Spagna (gli attuali Messico e Centroamerica), le immagini e figure di legno della Parca con la Falce sono state nascoste da famiglie umili e indios durante l’epoca coloniale (1521-1810) e oltre. Alcune antiche raffigurazioni della Muerte, che la Chiesa aveva portato dall’Europa per evangelizzare gli indigeni e realizzare le processioni del Venerdì Santo, iniziarono ad essere utilizzate dai locali per realizzare rituali “pagani” non tollerati dalle istituzioni ecclesiastiche e arrivarono indenni al Ventesimo secolo, custodite gelosamente da alcune famiglie o conservate in qualche museo di provincia. Ancora negli anni ‘60 del Novecento il culto era riservato a nuclei familiari e a zone rurali, urbane marginali e popolari, ed era tramandato di generazione in generazione, quasi di nascosto. Negli anni ‘90 questo culto si diffuse a tal punto che nacque il mito della Narco Santa e della Madonna dei Criminali, come se questo culto così complesso e antico si potesse considerare una semplice superstizione di loschi individui.Ricercatori e giornalisti di tutto il mondo iniziarono ad analizzare il fenomeno in modo più rigoroso, arrivando ai primi anni Duemila, quando si è scatenata una serie di effetti a catena di cui ancora oggi non possiamo comprendere le conseguenze e le evoluzioni.

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La Santa Muerte in un reportage di Studio Aperto su Italia Uno

A devotee holds an image of the 'Santa Muerte' (Holy Death), at Tepito shantytown, in Mexico City, on April 5, 2009. The cult of this pseudo-religious skeletal image, also known as 'La Sant?sima', 'Dona Sebastiana', 'Little White Girl' or 'The Skinny Girl', is thought to date back to pre-Columbian times. The Holy Death currently has some two million faithfuls in Mexico who ask to the authorities to be recognized as a separate religion. AFP PHOTO/Alfredo Estrella (Photo credit should read ALFREDO ESTRELLA/AFP/Getty Images)

A devotee holds an image of the ‘Santa Muerte’ (Holy Death), at Tepito shantytown, in Mexico City, on April 5, 2009. The cult of this pseudo-religious skeletal image, also known as ‘La Sant?sima’, ‘Dona Sebastiana’, ‘Little White Girl’ or ‘The Skinny Girl’, is thought to date back to pre-Columbian times. The Holy Death currently has some two million faithfuls in Mexico who ask to the authorities to be recognized as a separate religion. AFP PHOTO/Alfredo Estrella (Photo credit should read ALFREDO ESTRELLA/AFP/Getty Images)

Dal Minuto 26 del video (link) c’è la notizia della fuga del Chapo Guzmán dal carcere de El Altiplano in Messico, avvenuta la sera dell’11 luglio e poi un breve reportage da Ciudad Juarez sulla Santa Muerte. Un documento, forse il primo in Italia in un TG, abbastanza approssimativo. Ecco il link del TG completo: QUI


La precursora Doña Sebastiana @JornadaSemanal

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De Fabrizio Lorusso – Jornada Semanal – (foto: Original link) Doña Sebastiana da miedo y fascina. Es la muerte santificada, una figura de adoración poco conocida en la historia de México. Tiene analogías con la Santa Muerte, la santa popular que más ha crecido en cuanto a feligresía y presencia mediática en las Américas.

De la Doña sólo quedan el recuerdo, unos cuentos y su nombre. En efecto, su culto se desvaneció y, quizás, revive a su manera en esta época postmoderna con la devoción a la Flaquita.

Sebastiana está en la historia de las regiones abandonadas por Dios y el Estado que, hace más de 150 años, eran parte del norte de México y que le fueron arrebatadas por Estados Unidos.

La devoción hacia esta dama descarnada y huesuda tuvo auge en la era del “salvaje oeste”, especialmente en Arizona y Nuevo México según relata el antropólogo Carlo Severi en un artículo sobre Doña Sebastiana, el Cristo Flechado y sus rituales. La vida de Doña Muerte comienza en la colonia.

Desde el siglo XVI, la corona española en el norte de América trata de controlar muchos territorios despoblados y lejanos del centro del poder ubicado en la gran Ciudad de México, capital de la Nueva España. Sin embargo, los esfuerzos de dominación de los colonizadores, amos de un imperio decadente pero ávido de tierras, no son suficientes. La espada necesita de la cruz.

Las misiones religiosas españolas van conquistando pueblos y almas hacia el norte, abriéndose paso a lo largo del Río Bravo, hasta El Paso y Santa Fe, o bien, siguiendo el Río Colorado rumbo a Arizona.

A finales del siglo XVIII, en San Diego, San Francisco y alrededores, ya hay fortalezas además de las misiones: la espada vuelve a juntarse con la cruz para defender a los pequeños grupos de moradores de los ataques de los pueblos originarios, dueños legítimos de esos territorios.

La zona es descuidada también bajo el punto de vista religioso, tras la progresiva retirada del clero franciscano y por la falta de personal eclesiástico estable. Por tanto, es imposible celebrar los sacramentos y los rituales en las comunidades católicas. Las iglesias están en ruinas y son santuarios de macabros presagios.Tras la Guerra de Independencia, el Estado mexicano nace débil y con escaso control de su periferia. El aislamiento y la pobreza de los colonos en las zonas lejanas y los conflictos con la población indígena de los apaches y los comanches engendran una situación explosiva.

Entre 1846 y 1848, México pierde más de la mitad de su territorio y firma el Tratado de Guadalupe Hidalgo, un acontecimiento traumático para el orgullo nacional.

Estados Unidos es una potencia naciente que, movida por las doctrinas de la frontera y del destino manifiesto, agrega los estados de California, Nevada, Utah y partes de los actuales Texas, Colorado, Oklahoma, Kansas, Wyoming, Nuevo México y Arizona. Uno tras otro caen y son gotas de sangre.

Ya desde los años de la lucha independentista mexicana, en aquellos territorios las comunidades reaccionan al desamparo espiritual y al aislamiento material creando la Cofradía de los Hermanos de la Santa Sangre o de los Penitentes que, aún sin volverse una Iglesia autónoma, aporta cambios inquietantes y radicales al culto tradicional.

El verbo y las prácticas de la Cofradía se expanden, siguen la antigua ruta de los misiones, por el Río Bravo y la frontera norte. Proliferan las moradas, iglesias no consagradas que pronto cobijan en su interior un acervo de nuevas imágenes y rituales. Los miembros de la Hermandad se dividen entre Hermanos de la Sangre, “los verdaderos penitentes”, y Hermanos de la Luz, con tareas organizativas y de guías espirituales.

Durante décadas, El Vaticano trata de acercarse a estos pobladores para reconducirlos a los preceptos del catolicismo romano. Fueron esfuerzos vanos. Las comunidades, sobre todo en Nuevo México, se tornan cada vez más fanáticas, aspiran a imitar la vida y la pasión de Cristo y practican la autoflagelación en las procesiones de Semana Santa. Reproducen todas las fases del martirio de Jesús en la Pasión y las ceremonias culminan con la crucifixión simulada de uno de los penitentes.

Pero clavos, azotes, chorros de sangre, gritos y dolores son reales. Lo que preocupa a la Iglesia no es la violencia, ni la creencia en el sacrificio físico como medio de purificación. El problema es otro, se llama Sebastiana. El miedo pasa de boca en boca, llega hasta las sedes del poder eclesiástico.

La gente presencia la aparición, dentro de las moradas y en las capillas, de un bizarro retrato de la muerte. Es una imagen femenina, esquelética, muy común en Europa, en los osarios y criptas de las Cofradías de la Buena Muerte, así como en las iglesias dedicadas a la Parca, en las pinturas de las danzas macabras y lasvanitas.

Sin embargo, está prohibida en las Américas, donde le dicen “Doña Sebastiana”, aunque sigue siendo la Gran Segadora, icono de un culto blasfemo, según la Iglesia.

En la Colonia, los inquisidores de la Nueva España trataron, sin éxito, de destruir todas las representaciones de la muerte que la misma Iglesia había traído del Viejo Continente, para extirpar la “idolatría pagana” hacia estas figuras.

Normalmente, sus devotos eran indios y campesinos, habitantes de los barrios marginales de las ciudades o de algún pueblito provinciano quienes ya usaban el nombre de Santa Muerte al rezar, pedir e, inclusive, al castigar a la imagen de la Gran Segadora en todo México.

La Inquisición fue abolida en España por el Real Decreto del 15 de julio de 1834, sin embargo, la actitud represiva de esa etapa siguió vigente. Doña Sebastiana escandaliza al clero católico que habla de una “herejía”, y espanta también a los campesinos de la región. “Adoran a la muerte como los indios de norteamérica”, “torturan a sus Hermanos con verdaderas crucifixiones”, “excesos en las penitencias, rituales secretos, oraciones no aprobadas por las jerarquías”, denuncian los obispos.

A las alarmas de la Iglesia dan seguimiento los medios estadunidenses que, en las primeras décadas del novecientos, indagan sobre los aspectos más morbosos y sanguinarios de esos rituales y sobre la posibilidad de que exista una devoción autónoma hacia la muerte que ellos denominan Comadre Muerte o “muerte amiga”.

No se realiza ningún estudio serio, sino que, más bien, se multiplica el efecto amarillista de los artículos: algo parecido a lo que vimos, en años recientes, respecto de la Santísima Muerte en la prensa.

Junto a la muerte, también la imagen cruenta de Jesús horadado por los dardos, el Cristo Flechado, está presente en las moradas para avisar del peligro que constituyen las poblaciones “salvajes” de los nativos, los “enemigos” que amenazan la existencia de los Hermanos y sus comunidades.

En la Semana Santa, los penitentes organizan crueles simulacros de la Pasión de Cristo, parecidos a los del barrio de Iztapalapa en Ciudad de México, aunque más sanguinolentos e inhumanos.

El Salvador, seleccionado dentro de la Cofradía, recibe el suplicio de la flagelación y es sujetado a la cruz con clavos y cuerdas mientras los demás se amarran a cactus y plantas espinosas o cargan carretas llenas de piedras con la figura descarnada de Doña Sebastiana.

En la tradición religiosa de estas cofradías, se identifica progresivamente al joven penitente, próximo a la crucifixión, con el Cristo, pero también con la muerte, la Comadre. Se cuenta que, en tiempos de crisis, cuando es fácil fallecer por penurias y frío, los muertos regresan para festejar la Pascua con los vivos en lasmoradas. A estos templos improvisados, llamados asimismo “casas de los muertos”, llegaban los Hermanos del Otro Mundo para ayudar a los habitantes de éste.

Entre la Virgen María y Jesús nunca faltaba la imagen de Doña Sebastiana, la dama esquelética de ojos vítreos o metálicos, armada de arco y flechas, la cual era cargada triunfalmente sobre las carretas de la muerte durante las procesiones.

En el Museo de Nuevo México en Albuquerque, hay una escultura: Muerte sobre su carro, realizada en 1860 por el escultor Nazario López de Córdoba para lamorada de Las Trampas. Es una reelaboración del Triunfo de la muerte, un tema iconográfico medieval en que Doña Sebastiana declara su victoria sobre Jesús y arroja flechas al pecho del Salvador.

Arcos y dardos definen la iconografía tradicional del Cristo flechado en la versión adoptada por los franciscanos que evangelizaron el norte de la Nueva España. Por otro lado, en España, la muerte se retrataba con una guadaña en la mano, no con arco y flechas. Esto sugiere que, al norte del Río Bravo, podría haberse dado una superposición entre la figura del Cristo y la del mártir San Sebastián, representado típicamente con flechas en el costado. El nombre del santo posiblemente sufrió un cambio al femenino y su figura se asoció a la de la muerte con arcos y flechas, dando vida así a la hermosa Doña Sebastiana, precursora o “prima chicana” de la Santa Muerte.

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Santa Muerte e Migrazione (Articolo in Spagnolo) + Nuovi Link

Altar de la Santa Muerte. Foto: Eduardo González Velázquez

[Riproduco questo interessante articolo da Proyecto Diez MX – LINK e segnalo altre pagine che ho scoperto nelle ultime settimane sulla Santa, Tepito, altri altari a Città del Messico – link 1: 5 altari della Santa Muerte da visitare – link 2: conoscere Tepito – link 3: il quartiere di Santa Julia – link 4: riassunto di notizie giornalistiche sulla S.M. – link 5: riassunto di notizie (2010) sulla S.M. (ma da un Blog cattolico!) – link 6: barrio Tlaxpana – quartiere degli altari (di tutti i tipi)]

Por: Eduardo González Velázquez (@contodoytriques)*

12 de julio del 2013. ¡Ahí viene la curva debemos bajarnos! Es el grito ensordecedor deTomás un hondureño que se encaramó a La Bestia desde Huehuetoca, Hidalgo y piensa llegar hasta Oregon, “ya me falta menos” comenta con entusiasmo, después dedos meses de camino desde su natal Comayagua donde el desempleo se instaló como un miembro más de su extensa familia y terminó por catapultarlo fuera de su terruño.“Han sido semanas difíciles pero vale la pena, si me hubiera quedado en mi pueblo, mi familia y yo nos moríamos de hambre”.

A mitad del camino, y sin la seguridad de poder cruzar a Estados Unidos y eventualmente obtener un empleo, sus comentarios suenan con optimismo. Tomás no viene solo lo “acompañan” tres salvadoreños. Los cuatro se detienen en el cruce de las calles Juan de la Barrera y Colima a un costado de las vías del ferrocarril en el corazón de Las Juntas, municipio de Tlaquepaque en la Zona Metropolitana de Guadalajara (ZMG).

Miran el trajín de automovilistas y transeúntes mientras comienza a caer la tarde.“Sabemos que en este lugar debemos bajarnos para que la policía no nos detenga, si nos agarran nos extorsionan como ha sido a lo largo del viaje”. De ahí caminarán hasta la avenida Inglaterra al poniente de los patios de ferrocarriles para trampear de nueva cuenta al tren; pero antes comerán y se asearán en el comedor de la organización no gubernamental FM4-Paso Libre, si tienen suerte seguirán su camino este mismo día, de lo contrario permanecerán en la ciudad dos o tres noches más. Momentos previos a continuar su recorrido por la ZMG los cuatro exiliados económicos pasan a santiguarse al santuario de la Santa Muerte.

Es lunes a las cinco de la tarde. En el pequeño santuario (una habitación de 16 metros cuadrados) no cabe un alma más, los casi doscientos feligreses se arremolinan a las afueras disputándose un mejor lugar “para estar cerca de la Flaquita”. El rezo del rosario y los consejos para solucionar diversos problemas ofrecidos por el sacerdote Ricardo generan gran expectación cada inicio de semana.

Entre las decenas de los cuerpos tapatíos alzan la cabeza cuatro centroamericanos que con voz en pecho piden por acceder a un futuro negado en sus países. Para Miguel, de oficio albañil y dueño de la pequeña casa que alberga al templo, el gentío en el recinto es consecuencia de la nueva figura de la Santa Muerte de casi dos metros de altura traída desde la Ciudad de México, “ahora sí con esta figura la gente viene mucho más”. Incluso hay días que se ofrecen hasta dos rosarios de mañana y tarde.

En la Iglesia de la Santa Muerte tienen cabida hombres, mujeres, homosexuales, ancianos, migrantes, pobres, drogadictos, alcohólicos, punks, emos, cholos, ex presidiarios, narcotraficantes, indigentes, trabajadoras sexuales; en fin, esos que son ignorados por otras Iglesias. “La Niña le abre sus brazos a todos. Ella no juzga. Candy (como le pusieron a la nueva figura) ayuda y consuela”, dice Sonia, esposa de Miguel, mientras carga al menor de sus dos hijos de apenas año y medio de edad.

El culto a la muerte no es ajeno a los mexicanos, ha estado presente en nuestra geografía desde tiempos prehispánicos; igual que en otras latitudes su culto irrumpe con cotidianidad. Se instaura entre los vivos para defender su lugar. Así como para los pueblos mesoamericanos la muerte se significaba como el preludio de una nueva vida, el arranque del camino para alcanzar “el lugar donde de verdad se vive”; de ese modo los migrantes buscan asirse a la Niña Blanca para garantizar una “nueva vida”.“Nosotros le pedimos a todos los santos para que nos ayuden a llegar, aquí en Guadalajara sabemos que le rezan a santo Toribio y a la Santa Muerte”, afirman los salvadoreños al tiempo que se retiran la gorra para ingresar al santuario.

Pasada la conquista española y los turbulentos siglos XVI y XVII, a finales del siglo XVIII aparecieron las primeras referencias de la veneración a la Santa Muerte en el centro de la Nueva España. Pero fue hasta la segunda mitad del siglo XX que su devoción comenzó a rozar las dinámicas de exclusión, sea la pobreza, sea la migración, sea la violencia. Aunque algunas referencias ubican al estado de Hidalgo como el lugar de donde comenzó a irradiarse su fervor, hoy en día su culto encuentra arraigo en varios estados de la República: Guerrero, Veracruz, Tamaulipas, Campeche, Morelos, Jalisco, Estado de México, Sinaloa y el Distrito Federal.

La Santa Muerte la representa una figura masculina o femenina vestida con túnica blanca larga de satín que solo deja descubierto su descarnado rostro y sus esqueléticas manos, rematada con una corona de oro en la cabeza. Generalmente en la mano derecha porta una guadaña con la que “cosecha las almas”, un rosario, y una balanza que representa la justicia; en la mano izquierda lleva un pequeño mundo y un reloj de arena.

Para el sacerdote Ricardo, la figura representa a San Juan Bailón ataviado como la muerte, y no tiene duda que su culto es católico como lo demuestran las oraciones realizadas durante el rosario. Los colores que salpican a la Santa Muerte tienen significados diferentes: negro, protección; rojo, amor; blanco, protección para la familia; azul, protección para los estudiantes; dorado, para obtener dinero; verde, para solucionar problemas legales; y morado, para tener salud. Hay imágenes y figuras que tienen todos esos colores y representan los siete poderes. A la Niña Blanca Santita se le ofrecen dulces, cervezas, tequila, fruta, pan, cigarros, puros, güisqui, flores, veladoras.

En los dos santuarios ubicados en Tlaquepaque, el de Las Juntas y el de Las Pintas por la Antigua Carretera a Chapala en su cruce con San Onofre en la colonia la Huizachera, conviven la pobreza y la urgencia económica con la devoción y la esperanza. Los servicios municipales brillan por su ausencia. Las empolvadas calles circundan centenares de casas a medio terminar. Los fétidos olores emanados de los ríos del desagüe metropolitano saturan el olfato. El templo de Las Pintas se inauguró el 22 de julio de 2012.

En su interior tiene dos hileras de bancas con seis filas cada una. Varios posters le dan vida a las blancas paredes. En el muro junto al altar mayor están colgados dos crucifijos con un Cristo cada uno; la parte central la domina una gran figura de la Santa Muerte coronada cubierta con un tul blanco colocada en el interior de una vitrina de cristal, en sus manos porta el mundo y la guadaña. Junto a ella se mira una alcancía con la leyenda:“Gustas cooperar para el abono de cada mes de su (sic) casa de la Santa Muerte. Gracias”. En el centro del lugar hay una pila bautismal.

A la entrada se venden veladoras negras, rojas y blancas. Antes de ingresar al santuario y toparse con un guardia mal encarado, se puede leer a un costado de la entrada: “Santa Muerte extiende tu mano y guarda tu espada. Transmuta dolor en alegría. Aparta peligros y males de este devoto tuyo que busca la luz para estender (sic) la vida antes de la partida”.

Los devotos a la Santa Muerte se auxilian de varios libros para rezarle, por ejemplo el Librito de Oraciones Dedicado a la Santísima Muerte Mi Protectora. En su interior se pueden leer:

“Gracias flaquita mía por permitirme ver la luz de un nuevo día, como agradecimiento, te prometo pensar en ti, te ofrezco esta oración para que mis peticiones sean escuchadas, mi confianza es para ti”.

“Oh, Santa Muerte, ángel de Dios, te doy gracias en forma alegre y por los favores que me as (sic) concedido, en especial en esta jornada de acción y reflección (sic). Te pido por mis seres queridos y por mis enemigos, por la paz en el mundo y por la pronta sanación de los enfermos. Amén”.

Los días del rosario, Miguel presta a los asistentes varias fotocopias con las oraciones que deben rezar.
La Flaquita es ecléctica. Sincrética. Sin duda a lo largo de nuestra historia el culto a la muerte ha tenido adhesiones, fracturas y desbandadas. Lejos se encuentra de representar un culto homogéneo.

A querer o no la Santa Muerte como icono popular ha trascendido fronteras a través de diferentes maneras, una de ellas es la ruta migratoria. En la ciudad de Phoenix, por ejemplo, encontramos muy extendido su culto convirtiéndose en un referente común en casi todas las yerberías del oeste de la ciudad.

No obstante que el santuario de la Santa Muerte levantado a un costado de las vías del ferrocarril es un pequeño local de paredes despintadas, poca ventilación, una estrecha puerta de acceso, y con una iluminación precaria ofrecida por un par de focos uno a la entrada y otro pendiente de un árbol; es el recinto al que acuden los migrantes porque el ubicado en la Huizachera les queda muy lejos, además en el ferrocarril no pasan por ese barrio. En su interior se miran dispuestas veinticinco figuras de varios tamaños de la Flaquita.

Al fondo hay un altar sobre una mesa con un mantel negro y unas cortinas de terciopelo rojo. A un costado está la figura de la Santa Muerte de color negro circundada por veladoras, otras figuras más rodean una alcancía para las limosnas. Abundan las cubetas repletas de flores sobre todo con rosas rojas. Los muros se decoran con posters, y dibujos a lápiz y a color, montados en marcos elaborados en “la penal”, comenta Miguel. Junto al altar principal se mira otro pequeño donde se posa una Santa Muerte blanca cubierta por billetes de dólares.

En Las Juntas los migrantes dan uno de sus últimos brincos en la penosa travesía por la “frontera vertical” mexicana. De aquí los futuros “sin papeles” tomarán el tren por la ruta del Pacífico, la más larga pero la “menos peligrosa” hasta alcanzar la frontera norte de nuestro país. “De Guadalajara salimos con la bendición de la Santa Muerte”, dice Tomás minutos previos a perderse en la inmensidad de las vías del ferrocarril.

* ihuatzio@hotmail.com
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